
Ahora que te has ido...
de los manantiales de tus balbuceos
recorté respiros y silencios,
cosí, risas y suspiros
para tejerme un cielo y colgarlo del techo
para oír riachuelos de ecos nevados.
Me abandonó la piel cuando partiste...
se me escondió el corazón en un costurero
y se niega a latir.
Miran mis ojos para adentro
como buscándote
otean cada célula en las que te habías repartido...
solo hay huellas... rastros de haber habido.
Ahora que te has ido...
mis ronquidos son la comidilla de mis vecinos,
paso el día dormida,
en la cocina juegan las ratas
y realmente no me importa,
ya no importa nada.
Se han secado mis plantas, de las manos y los pies.
(si, las otras también)
Como solo soy, un tronco y una cabeza,
no entiendo porque me sigue esta sombra de dos cuerpos
y por más que trato de explicarle que te has ido
que no volverás como vuelve el otoño
se permite el lujo de quedarse conmigo.
Me da pena imaginarte sin sombra
por este mundo de sol enfurecido.
Ahora que te has ido...
bebo lágrimas saladas de mar muerto
y solo como manzanas del jardín prohibido.
No me baño, no me peino, no me visto
el espejo se ha marchado... aburrido
y mis huesos se han cansado de ser vistos
y se lanzan como locos a mi perro
pero el solo come de tu mano
y tu mano, contigo se ha ido.
A lo lejos alguien canta, a lo lejos
es Neruda, creo, canta fatal...
tan mal, que ha traído lluvia y frío
y tiritan azules, los astros, a lo lejos.

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