jueves, 29 de noviembre de 2007

El mago de Oz


Yo siempre juego al juego de dejarme querer.

Pero no soy de nadie, no es de nadie mi hiel.

Yo soy un estornudo que asusta de repente

soy una chispa que arde,

se apaga y se deshace

se hincha, se eleva

se baja y se quema.

Tengo amor a manos llenas

pero es amor de juguete

el que quiere jugar juega

y el que juega se entretiene.

Pero...

me da miedo pensar en este juego

si a la ilusión la daño en algo

si causo dolor, si pico o araño.

Y tu me das miedo

pequeño hombre de hojalata

por si al final del cuento

ese corazón que tienes

que es un corazón de esos gigantes

de hombre lobo

atraviese mi juego con balas de plata.

Realmente me guardo del dolor

me escondo mis encantos

porque en ti reside el amor, lo se

a tu vera, junto a tus ojos de luna llena

sentí lo que es desear que me miraras

desear que me tuvieras.

Pero como alguien dijo una vez

yo soy una diosa, tu un pobre mortal

puedo tirarme al tártaro,

puedo saltar como lo ángeles hacia la tierra

perder mis alas, odiar el néctar y la ambrosía

o

vivir de esa melancolía que me dejo tu mirada

tu risa acompasada con la mía,

el roce de tu cuerpo que yo buscaba a posta.


Andaba mi vida, estos últimos días sin purpurina

porque me di cuenta de repente

que ha pasado el tiempo muy deprisa esperándote

y yo he crecido en kansas y tu ...

te has quedado en ciudad esmeralda.

Ahora veo que andas fabricando ciclones

construyendo puentes

quien sabe si las brujas de la rosa de los vientos

te traigan al sur o me lleven al este.










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