
Junto a nada recojo mis huesos
cortando con un garfio y a jirones,
haciendo tantanes con mi piel en cueros.
Extrañé tanto tus caprichosos dedos
que desnudé mi miel y provoqué un deshielo.
Se posaban mariposas en mi sesos,
en la parte mas fría de mi cuerpo,
muriendo heladas, vahidas en mis senos.
Esa soledad que deja el fin de un cuento,
la siento entre los dedos...
esperando una palabra, algún consuelo
pero no hay campanillas, ni niños eternos.
Y aun así, así te ofrezco...
...mariposas infelices...
por si quieres un érase una vez
o tal vez,
un comieron perdices.

No hay comentarios:
Publicar un comentario